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lunes, 14 de noviembre de 2011

Abrir tu corazón significa detener el esfuerzo de cerrarlo


Toni Roberson (Gangaji), maestra espiritual

69 años. Nací en Texas. Casada dos veces, tengo una hija y cuatro nietos. Estoy licenciada en Literatura Inglesa, pero viajo por el mundo hablando con la gente. La libertad política te permite indagar libertades más profundas. Todos estamos conectados a través de la conciencia.

Se ha pasado media vida buscando la plenitud y dedica lo que le queda a divulgar un mensaje a través de su fundación y de sus libros: continuamente buscamos la satisfacción fuera de nosotros. Pero, paradójicamente, si nos detuviéramos, nos daríamos cuenta de que la tenemos y que viene de dentro de nosotros. "Tienes un diamante el bolsillo"(Viena Edicions) profundiza en ese hallazgo que no requiere fórmulas: "No estoy en contra de la meditación y la práctica. Estoy en contra de separar la práctica meditativa de la vida. Todo el mundo trata de hacer algo para despertar: emprende retiros, prácticas... Para despertar no has de hacer nada porque tú no estás separado de lo que está despierto, eres eso".

Era una niña bien con padres alcohólicos. Eso me producía tristeza y vergüenza.

Entiendo.En ese contexto, a los seis años, tuve una experiencia que hoy sé que era de naturaleza espiritual, pero entonces me asusté mucho.

¿Qué le pasó?
Sentí que mi cuerpo desaparecía, corrí a contárselo a mi madre y me enviaron a un psiquiatra que me dio ansiolíticos. A los 20 años empecé a meditar y en aquel espacio controlado, cuando tenía esa sensación, no me asustaba, así que dejé las pastillas.

¿Qué andaba usted buscando?
Una vida convencional, una familia feliz. Yo sólo quería ser normal.

¿Lo consiguió?
Sí, me casé a los 23 años con un hombre maravilloso y tuvimos una hija. Era médico, un padre excelente y un buen amigo. Pero yo no era feliz. Me costó mucho hacerme responsable de mi felicidad.

¿Abandonó a su marido?Sí, creía que tenía que haber algo más en la vida que un marido perfecto, el trabajo adecuado, posición social y una hermosa niña.

Ambiciosa.
En los años setenta me fui a San Francisco. Tuve muchos amantes y lo pasé bien. Pero seguía sintiéndome vacía. Empecé mi búsqueda espiritual e hice distintas terapias.

Proliferaban entonces los gurús.Me senté frente a todos, pero la infelicidad persistía. Entre tanto conocí a mi actual marido, estudié acupuntura y monté una consulta que tuvo mucho éxito, pero seguía sintiendo que algo me faltaba. Nos mudamos a Hawái en busca de una vida sencilla.

Pero ¿qué le pasaba?
Por mucho que la buscara, no hallaba la paz.Nunca me había atraído el camino hindú, pero acabé en la India a los 48 años. Rogué por un maestro y encontré a Papaji. Enseguida supe que estaba en el lugar correcto.

¿Qué luz le encendió?
Me enseñó a parar de buscar. Yo siempre busqué respuestas fuera de mí. Comprendí que mi actividad mental giraba en torno a la búsqueda constante de un punto de referencia de quién y cómo era yo. Pero a medida que la actividad mental comenzó a disiparse, lo que quedaba era paz profunda.

¿Una paz que no era hija de ninguna estrategia?
Exacto. Yo intentaba escapar de una infancia desdichada, ese era el nombre que yo le daba al vacío que todos sufrimos. Hoy mi mente puede estar agitada, puedo estar triste o enfadada, pero sé que debajo está la plenitud del ser, y siempre estuvo ahí pero no le prestaba atención. Prestaba atención a las cosas que iban mal.

¿Dejó de buscar dentro y fuera?Sí. Cuando paras de buscar, sea en el camino espiritual o en el material, te das cuenta de que lo que estás buscando ya está en ti. La detención de los pensamientos no es una práctica, simplemente es la oportunidad de ver que existe la opción de no seguirlos.

¿Y?Cualquier cosa que pienses de ti mismo, simplemente detén ese pensamiento. Debajo de ese pensamiento hay una emoción. Si es un pensamiento negativo, la emoción es dolor. No importa, experimenta esa emoción. En ese estar dispuesto a no luchar contra ese dolor se descubre algo.

¿De qué tipo?
La tendencia es escapar, pero si te mantienes ahí, te abres, acabas descubriendo tu naturaleza, que es plenitud. Es duro, pero es muy simple y tiene que ver con reconocer la resistencia, porque resistiéndonos al dolor le añadimos sufrimiento.

El cotidiano ya es bastante duro como para añadirle un buceo en el dolor.Si eres fiel a la verdad, puedes soportar cualquier cosa. Para mí decirme la verdad fue decirme "soy infeliz". Durante 50 años me resistí, creí que un buen marido, una buena carrera, una familia... me darían la felicidad.

¿No se la dieron?
Sí, pero hay una felicidad más profunda que no depende del exterior. Yo tuve que dejar de decirme a mí misma qué es lo que me hacía infeliz para descubrirla.

Tú te dices "estoy vacío y triste", ¿y sigues con tu vida?
No se trata de lo que te dices a ti mismo, sino de estar dispuesto por un momento a dejar de decirte cosas sobre ti mismo y descubrir qué es lo que hay que no necesita definición. Decimos cosas sobre cosas para controlarlas. Lo que yo propongo es abrir la mente dispuesto a descubrir lo que hay.

¿Es una actitud?
Sí, estar dispuesto es una actitud de inocencia adulta: ¿qué quiero realmente?... Yo te propongo un minuto al día de parar de luchar, de pretender alcanzar algo, de esconderte, y de una manera natural se da el descubrimiento, no lleva tiempo porque ya está aquí, en tu naturaleza, en tu interior, si estás dispuesta a no culpar a nadie más, ni siquiera a ti misma.

Lo complicado de lo sencillo.
No es que la gente no vaya a traicionarte. No es que no vayan a romperte el corazón una y otra vez. Abrirse a lo que está presente puede ser desgarrador. Pero deja que se te rompa el corazón porque, cuando así ocurre, el corazón sólo revela un núcleo de amor irrompible.

¿Qué entiende por abrir el corazón?Abrir tu corazón significa detener el esfuerzo de cerrarlo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Dra. Prachiti "Tener las manos sudorosas o frías afecta a lo que cocinamos"


Prachiti Kinikar-Patwardhan, doctora ayurvédica. Tengo 37 años. Nací en Bombay y vivo en Pune, donde tengo una clínica ayurvédica. También paso consulta en Japón, Australia y España, y enseño medicina ayurvédica. Estoy casada y tengo un hijo de 10 años. Abogo por la igualdad y estoy en contra de las castas. Soy hindú
Pasado el furor de la medicina alopática en la India, la gente ha vuelto a su medicina milenaria: el buen doctor de cabecera que sabe cuántas horas duermes, de qué color son tus heces y en qué lugar te duele del alma. El ayurveda es el sistema curativo natural más antiguo del mundo. Según estudios norteamericanos, sus procesos de desintoxicación y el reequilibrio mediante la dieta han reducido el colesterol y la ansiedad en enfermos cardiacos y han ayudado a personas con úlceras de estómago, asma, alergias respiratorias, afecciones de la piel, hepatitis, ansiedad e insomnio. Prachiti imparte cursos y visita a sus pacientes de Japón, Australia y España: Málaga, Santander y Barcelona.

Hija de médico? 
No, mi padre es banquero y mi madre ama de casa. Crecí muy protegida en una familia de clase adinerada. 
Entonces, ¿por qué le dio por la medicina tradicional india? 
Mi tío era un médico muy famoso en Pune y en la escuela siempre me preguntaban si era su hija, lo hacían con tal entusiasmo que desde muy niña decidí que quería ser como él. 
¿Médico ayurvédico? 
En la universidad, tras dos años comunes de ciencia, eliges entre medicina alopática, que era mi elección, o ayurvédica. En aquella época la medicina que más en serio se tomaba la sociedad era la occidental. 
¿Qué pasó? 
Conocí a un médico ayurvédico que me propuso que al salir de la universidad fuera a su clínica a observar y escuchar. Daba clases gratuitas, una mezcla de filosofía y práctica, me entusiasmó. 
¿Cuál es la filosofía del ayurveda? 
El hombre no es más que un pedazo del universo, vive, evoluciona y muere en él y como él. Las tres energías que hay en el universo, vata (aire), pitta (el fuego) y kaphna (tierra/ agua), funcionan en todo lo vivo. 
¿Entiende la energía del universo? 
Basta con observar: la energía solar, el fuego, responsable de todo lo que sea conversión, es la que hace madurar el fruto, y en su cuerpo es la responsable de que el alimento que ingiere llegue a todas sus células. 
¿Todos los cuerpos funcionan igual? 
Esas tres energías están en cada uno de nosotros en proporciones distintas, por lo tanto cada persona necesita su dieta. Cualquier desarreglo, una colitis, un dolor de huesos, tiene en cada persona un tratamiento. 
¿Y cuando nos ataca un virus? 
En cada uno actúan distinto. La medicina ayurvédica trata a la persona en su conjunto y es sobre todo una medicina preventiva. 
¿Se trata de una manera de vivir? 
Exacto. A diario debes alimentarte de esas cosas que son buenas para tu organismo según tu composición de vata, pitta y kaphna; debes aplicarte aceite y hacer una serie de ejercicios específicos para ti. En general hay que levantarse con el sol y cenar pronto para evitar el ama.
¿Ama?
Se podría definir como lo que se deriva de una mala digestión, lo que provoca toxicidad en el cuerpo y en la mente. 
¿En la mente? 
La buena o mala digestión no sólo depende del alimento que ingerimos, sino también de cómo lo ingerimos. Si comemos deprisa, ausentes y llenos de pensamientos negativos, produciremos ama,que acabará desajustando las funciones fisiológicas de nuestro cuerpo y produciéndonos alguna enfermedad. La ira puede ser tan perjudicial para nuestro hígado como el exceso de alcohol. 
Parece lógico. 
Según con qué energía manipulemos los alimentos tendrán un efecto u otro cuando los comamos. 
Mejor cocinar cantando. 
Los pensamientos negativos son energía y tienen la capacidad de cambiar la bioquímica de nuestra piel. Unas manos secas y frías o sudorosas y calientes tendrán efectos energéticos diferentes sobre los alimentos que cocinamos. 
Una idea sorprendente. 
Si empezamos a prestar atención a todas las señales que el cuerpo nos envía, comprobaremos que afectan a nuestro humor, conducta, gustos, percepción, talentos... A cada acontecimiento que se produce en la mente le corresponde uno en el cuerpo. 
¿La salud es una cuestión de energías? 
Sí, energías equilibradas a través de la alimentación, el yoga, la meditación, el masaje, el uso de las hierbas, la dieta, la desintoxicación y purificación, y el panchakarma. 
¿En qué consiste el panchakarma?
Es el método de rejuvenecimiento y desintoxicación más importante del ayurveda, y tradicionalmente incluye enemas y vómitos, pero en Occidente utilizamos técnicas de masaje con distintos aceites medicinales con hierbas. 
¿Los masajes tienen efectos curativos? Aumentan la circulación y remueven los desechos de los tejidos, mejorando su nutrición. Aplacan el insomnio y mejoran la vista. Rejuvenecen, relajan y vigorizan los músculos, las fibras, los tendones, los huesos y la piel. Estimulan el sistema inmunitario y afirman la autoestima. 
¿Un masaje incide en la autoestima? 
Investigaciones de importantes universidades muestran que existen interacciones entre la mente, el cerebro, y el cuerpo a nivel molecular y orgánico que influyen en la salud y la calidad de vida de los individuos. 
Somos un todo comunicado. 
Sí, y por tanto el masaje al ampliar la conciencia hacia el cuerpo incrementa la concentración y efectúa una limpieza emocional, liberando emociones bloqueadas. 
¿Atrincheradas en el cuerpo? 
... En forma de toxinas en el tejido conjuntivo, y a través del masaje con los aceites adecuados afloran. Mucha gente durante un masaje explota en un llanto incontenido y aparentemente sin motivo. Cuando ocurre eso yo me alegro mucho. 
¿? 
Tras ese desbloqueo emerge de dentro un sentimiento de felicidad. El equilibrio de cuerpo y mente es el secreto de la felicidad. 

Entrevista extraída de "La contra", La Vanguardia